Enrique V

El actor y el espectador en “Enrique V”. Monólogo de entrada.

Enrique V. Escena 1ª .Acto 1º.

Oh! ¡Quién tuviera una musa de fuego para escalar el cielo más resplandeciente de la invención!. ¡Un reino por teatro!, príncipes como actores, y monarcas como espectadores de la escena divina.

Entonces apareciendo bajos sus rasgos verdaderos, el belicoso Harry se presentaría con la apostura de Marte, y se verían acoplados como sabuesos, el hambre, la guerra y el incendio tendidos a sus pies en disposición de ser empleados.

Pero vosotros, nobles espectadores, perdonad al genio sin llama que ha osado traer a estos indignos tablados, un tema tan profundo. Estos indignos tablados ¿Pueden contener los vastos campos de Francia? ¿O podríamos hacer entrar en esta “O” de madera los cascos que asustaron al cielo en Agincourt”?. O perdón, ya que una reducida figura ha de representaros un millón en tan pequeño espacio, permitidme que contemos con el gran número que forje la fuerza de vuestra imaginación.

Suponed que en éste recinto de murallas se hallan encerradas dos poderosas monarquías a las que el poderoso e inmenso océano separa las frentes que se amenazan y se disponen a chocar. Suplid mi insuficiencia con vuestros pensamientos, multiplicad un hombre por mil y cread un ejército imaginario. Cuando os hable de caballos imaginad que los veis ollar con sus soberbios cascos la blandura del suelo. Porque son vuestras imaginaciones las que deben vestir a los reyes, transportarlos de aquí para allá, cabalgar sobre las épocas, amontonar en un segundo los acontecimientos de muchos años.

Por lo cual os pido que me aceptéis a mí , el coro, que vengo a manera de prólogo a solicitar vuestra amable paciencia y a pediros que escuchéis ,suave e indulgentemente nuestro drama.