Un café con Marina Clyo

Qué mejor que pasar el mes de noviembre con un café con Marina Clyo, actriz, locutora y profesora de nuestra sede de Málaga.

¡Hola Marina! Para empezar, nos gustaría saber cómo te surgió el deseo por la actuación.

Mi deseo por actuar surgió viendo una serie cuando tenía cuatro años. Le dije a mi madre “mamá, yo quiero hacer eso”. Esa fue mi versión del “mamá, quiero ser artista”.

Dada tu base en arte dramático, ¿qué prefieres, trabajar como actriz de imagen o como locutora/actriz de doblaje?

Pudiendo tener ambos, ¿por qué elegir? Yo como Hannah Montana: “The Best of Both Worlds!”. Son trabajos distintos pero igualmente apasionantes, donde nunca dejas de aprender.

Dentro de tu faceta como actriz de imagen, ¿qué es lo que más te gusta? El teatro, el cine…

Ambos medios tienen su magia, pero es cierto que para mí el teatro tiene esa adrenalina extra del directo, la imposibilidad de repetir si te equivocas y tener que resolver, la reacción instantánea del público, los segundos previos a abrirse el telón, la orquesta afinando (si hay música en directo), el olorcito a madera…

¿En qué momento decidiste ser locutora/actriz de doblaje y qué te animó a ello?

Más que locutora, a mí me llamaba ser “actriz de doblaje” porque por aquel entonces el ser locutora lo asociaba únicamente a la radio. Estaba en la universidad y vi un cartel de un seminario de iniciación al doblaje y a la locución publicitaria. Siempre me había llamado ese mundo pero todo lo que sabía de él estaba en Madrid o Barcelona. Era la primera vez que veía algo así en Málaga y no lo dudé ni un segundo, llamé rápidamente para infórmame y me apunté. Fue un curso de un par de días, pero me gustó mucho y comprobé que no se me daba mal. Ahí me picó el gusanillo y hasta el día de hoy.

En tu opinión, ¿qué dificultades encuentras a la hora de hacer un trabajo de locución y/o doblaje?

Diría que lo más complejo es el trabajo de empatizar con la emoción de un actor en cuestión de segundos y hacerla tuya. El estar preparados para tener que saltar de una emoción a otra entre take y take, sea la hora que sea y encajándolo todo en tiempo. Me parece un trabajo fascinante.
Cuando trabajas en teatro o en ficción tienes (además de más información) tu tiempo para crear el personaje, trabajar la historia para ir entrando poco a poco… Pero el trabajo en atril es instantáneo además de mucho más solitario. Tu apoyo en sala son, a lo sumo, dos personas (técnico/a y director/a – cliente) y, por supuestísimo, la información del texto y la imagen.

¿Y eres de las que consideras que la formación en interpretación es un requisito indispensable para este sector?

Hay personas que, por naturaleza, tienen esa empatía y esa naturalidad para contar historias sin necesitar formación. Pero si no tienes esa suerte, creo que es fundamental tener una buena base.

¿Qué satisfacción crees te da esta profesión a diferencia de otras?
Creo que cuando algo te apasiona, te llena de verdad, es tu motor… te satisface. Independientemente de la profesión. Al médico que le apasione su oficio no verá satisfacción en ningún otro. Debería ser obligatorio en esta vida dedicarte a lo que te mueve por dentro.

Sabemos que haces bastantes audiolibros. ¿Qué es lo que más te gusta de hacerlos?
La oportunidad de hacer llegar las historias a personas que, por alguna circunstancia, no tienen acceso a la lectura.

Dentro de este sector, ¿qué te gusta más? ¿Las novelas o los cuentos?

Si está bien escrito y la historia es buena, cualquiera de los dos. La diferencia está en el público al que te diriges. Pero al final es contar una historia, que es lo que a mí me gusta, ya sea delante del micro, sobre un escenario, delante o detrás de una cámara…

Hasta ahora, ¿cuál ha sido tu mayor reto profesional? En cuanto a locución y/o doblaje.

Poner voz de señor ruso, jajajajaja. Larga historia.

¿Algún trabajo que recuerdes con especial cariño?

Esta es muy fácil. La grabación de PIKING Y SUS AMIGOS. Fue la primera vez que confiaban en mí, que no había hecho nada así por entonces, para dar voz a un personaje fijo en una serie de animación. Lo que recuerdo con especial cariño son las horas en que iba a grabar y compartía atril con Rais Bascones. Fue mi primera y última experiencia compartiendo atril, pero fue preciosa. Rais es un profesional y un compañero de primera. Además de ser todo un privilegio, fue divertidísimo. Lo pasamos muy bien y recordar aquellos días siempre me coloca una sonrisa en la cara.

¿Y qué opinas sobre el trabajo de la locución y el doblaje online?

Creo que, aunque nos cueste dejar atrás lo conocido, hay que avanzar de la mano del tiempo que vivimos. El trabajo online nos posibilita abrirnos al mundo. Trabajar en producciones que no estén en nuestra ciudad. Y si eso no es una ventaja…

Como profesora, ¿qué es importante para ti a la hora de enseñar? Sea la materia que sea.

Para mí es fundamental adaptarse a cada alumno e intentar sacar de ellos lo mejor que puedan dar en ese momento.

¿Qué consejo le darías a los alumnos que están empezando en este sector?

Leer, pero sobre todo leer en voz alta (tomando conciencia de su dicción y articulación), grabarse y escucharse. Que experimenten y lean con todas las emociones, a distintas velocidades, caracterizando la voz como si fuesen distintos personajes… que JUEGUEN. Al final este trabajo es un alto porcentaje de lectura a primera vista, empatizar con las emociones y otro porcentaje de técnica. Así que todo el entrenamiento que hagan en casa, ¡bueno es!

¿Algún sueño por cumplir en el ámbito profesional?

Poder vivir de mi profesión.

Para terminar, ¿cómo definirías esta profesión en una palabra?

APASIONANTE.

Audioteca (ejemplos audiolibros): Marina Clyo

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